Zamora muere de hambre tras 7 meses de cerco. El Rey Sancho II no tiene piedad.
Doña Urraca te mira desesperada: “Vellido, León morirá con Zamora si no hacemos nada”.
Sales de noche por el postigo. Te acercas a las hogueras castellanas.
Los guardias te rodean con lanzas: “¡Alto! ¿Quién va?”.
El Cid Campeador te recibe en su tienda. Te mira con sospecha:
“Te conozco, Vellido. ¿Por qué traicionas a tu señora?”.
Sancho II te llama. Quiere saber cómo entrar en Zamora sin perder hombres.
Te muestra un mapa.
7 de octubre de 1072. Sancho está confiado. Cabalga contigo a solas por la ribera del Duero, lejos de su guardia.
El Rey necesita privacidad y se baja del caballo. Te entrega su venablo dorado y se queda de espaldas.
El Rey cae muerto. El Cid lo ve desde lejos y grita: “¡Traidor!”. Comienza la persecución a caballo.
Las murallas están cerca. El Cid casi te alcanza con su caballo Babieca. Gritas a los tuyos.
Estás a salvo dentro. Los castellanos desafían a la ciudad por tu acto. Arias Gonzalo defenderá el honor.
El Reino de León sobrevive. Tu nombre será recordado como el del hombre que salvó Zamora.
Algunos te llamarán traidor, otros héroe. Pero tú sabes la verdad.
La batalla fue un desastre. Zamora cayó. León perdió su reino.
El Cid no confía en ti. Eres ejecutado como espía.
El ataque fracasa. Sancho te acusa de traición y mueres en el patíbulo.
Sancho se enfurece por tu debilidad. Te atraviesa con su lanza.
Tu duda te cuesta la vida. Sancho sospecha y te ejecuta.
El Cid te encuentra escondido. No hay perdón para los traidores.
El Cid te derrota en combate. Tu sacrificio fue en vano.
Caes en el duelo. Pero Zamora honra tu valor.