Vistoso, sobrio y complejo. Así es el folclore del Campo Charro y de la provincia de Salamanca, uno de los más puros y ricos de España. Estas manifestaciones, encierran en su esencia la vida misma, conectando a la perfección con el espíritu de una geografía marcada por las praderas, la vida ganadera y la herencia de sus antiguos pobladores.
El baile salmantino es eminentemente social, ceremonioso y elegante. No da lugar a la improvisación fortuita. Como afirman en la comarca, "es un baile más para ser vivido que para ser contemplado; si no se ejecuta, no se percibe todo su contenido".
El sonido de este folclore recae sobre una figura mítica: el tamborilero. Con asombrosa habilidad, este músico hace sonar simultáneamente los dos instrumentos icónicos del folclore charro:
Este sonido entronca con toda la tradición del antiguo Reino de León y la Vía de la Plata. La percusión se completa habitualmente con castañuelas, panderetas, almireces, o incluso el pandeiru cuadrao, característico de comarcas del suroeste provincial como El Rebollar.
Las estructuras de baile charro están perfectamente definidas:
Imposible entender la danza sin la estética que la envuelve. Los trajes típicos salmantinos están considerados entre los más ricos y ornamentados de la Península. El gran símbolo que corona estas vestimentas, así como capas, gemelos y joyas, es el Botón Charro: una exquisita pieza redonda labrada en filigrana de plata que se ha convertido en el emblema universal de la provincia.
Salamanca ha sido y es cuna de grandes tamborileros. Desde nombres clásicos y contemporáneos como Arcadio, JM Bustos, El Mariquelo o Pepe Gil, hasta agrupaciones inmensas en la recuperación del patrimonio rural como la familia Mayalde, Surco, o revisiones folk modernas de la talla de Zaragata y Divertimento Folk.