Las comarcas leonesas de Laciana, Babia, Omaña y Luna, constituyen un territorio con unos rasgos comunes forjados por su hábitat de alta montaña. Su dialectología afín y su folclore casi unitario están marcados por su situación a caballo entre las cuencas de los ríos Sil y la vertiente cantábrica.
En este área de "alzada", por donde transitaban pastores trashumantes extremeños y arrieros, el grupo social de los vaqueiros actuó como elemento aglutinante de un rico folclore que hoy destaca por su tremenda originalidad y acusado arcaísmo.
Cantares de Boda: Un ritual antiguo
Una de las manifestaciones folklórico-musicales donde se hacen más patentes las influencias mutuas entre "vaqueiros" y el resto de la comunidad campesina o "xaldos" son los llamados «cantares de boda», de fuerte arraigo popular en toda la zona hasta entrado el siglo XX.
En pueblos como Villaseca de Laciana, el cortejo nupcial era guiado por cantadoras al ritmo de pandeiros adornados con cintas de colores. El ritual comenzaba con una solemne invitación a la novia para que abandonara la casa paterna, mostrando reminiscencias de los antiguos cantares paralelísticos medievales:
Casadina, por bandera
que es tiempo de caminar
la casa de los tus padres
ya la puedes olvidar.
Danzas y Bailes Característicos
La similitud de las danzas a ambos lados de la Cordillera Cantábrica se manifiesta en movimientos muy concretos compartidos por las comunidades montañesas.
- El Baile Chano: Típico de las tierras de Laciana (como en los famosos "chanos de Lumajo") y Babia. Destaca especialmente por el braceo de los hombres, muy similar al del baile vaqueiro del pandeiru.
- Son de Arriba: Una danza de origen vaqueiro que arraigó profundamente y que se baila indistintamente en uno y otro lado del cordal.
- La Vaqueirada: Género vocal de cierto carácter melismático interpretado a solo, propio de las comarcas influenciadas por esta etnia en el noroeste provincial.
El sonido de la Montaña: Vocabulario Instrumental
El aislamiento geográfico ha permitido conservar no solo las melodías, sino una rica terminología autóctona perteneciente al patsuezu, dialecto del leonés caracterizado por palatalizar a menudo la "l" y la "ll". Así se refieren a los instrumentos que amenizan las fiestas, los filandones y el trabajo pastoril:
- Pandeiru (o Pandero cuadrado): Membranófono construido a partir de un bastidor de madera cuadrangular y forrado exteriormente por piel tensa. Se toca con los dedos de ambas manos y es el rey de la montaña.
- Payetsa: Sartén construida como idiófono percutido por una llave, fundamental para acompañar cantos y bailes en toda la comarca.
- Trompa (Birimbao o guimbarda): Idiófono punteado que se coloca sobre la boca (que hace de caja de resonancia) emitiendo un sonido de timbre metálico muy peculiar.
- Xibla / Xiblatu: Especie de flautilla o silbato vegetal elaborado de forma rústica por los pastores y niños en primavera.
- Rabil: Denominación que recibe en algunas zonas montañesas la zanfona, un antiguo cordófono frotado por una rueda impulsada mediante una manivela o "rabil".
- Tamborín: Tambor de tamaño reducido que el intérprete se cuelga del brazo con el que toca la flauta (chifla), percutiendo el parche con el palote que porta en su otra mano.