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Guía Verde Fauna Buitre Leonado

Buitre Leonado

Ave
Buitre Leonado
Ficha técnica
Nombre
Gyps fulvus
Género
Gyps
Dieta
Carroñero
Longitud
95 – 110 cm (env. 240 – 280 cm)
Peso
6 – 11 kg
Estado
Preocupación Menor

El buitre leonado es la mayor rapaz que surca los cielos de la Región Leonesa. Con una envergadura que puede superar los 2,7 metros, planea durante horas aprovechando las corrientes térmicas sin apenas mover las alas, sobrevolando montañas y valles en busca de carroña. Su nombre hace referencia al color leonado —pardo dorado— de su plumaje, no a la tierra leonesa, aunque aquí encuentra uno de sus bastiones más importantes de Europa.

La cabeza y el cuello están cubiertos de un fino plumón blanquecino que le permite introducirlos en las cavidades de los animales muertos sin ensuciarse el plumaje. Una característica gorguera de plumas esponjosas rodea la base del cuello. Los adultos presentan el pico ganchudo, fuerte y eficaz para desgarrar.

Sus colonias en la Región Leonesa

La Región Leonesa alberga algunas de las colonias de buitre leonado más importantes de la Península Ibérica. Los cortados calcáreos de los Picos de Europa —valles de Valdeón y Sajambre— constituyen un refugio histórico donde las colonias se cuentan por centenares de parejas. Igualmente, los cañones del entorno de Riaño y los cortados del río Esla son enclaves fundamentales en León.

En Zamora, las impresionantes Hoces del río Duero y los paredones de los Arribes albergan colonias numerosas que comparten territorio con el buitre negro y el alimoche. En Salamanca, la Sierra de Francia y los cortados graníticos del sur provincial son otro núcleo relevante. En conjunto, la Región Leonesa puede considerarse una de las zonas más ricas en Europa para esta especie.

El vuelo planeado

El buitre leonado es un maestro del vuelo térmico. Tras las primeras horas de la mañana, cuando el sol calienta el suelo y generan corrientes ascendentes de aire caliente, los buitres despegan de sus repisas y ascienden en espirales —llamadas «torbellinos» o «columnas»— hasta alcanzar grandes alturas. Desde allí, con el cuello extendido hacia delante y las alas abiertas en un plano horizontal, planean kilómetros sin apenas esfuerzo.

Su visión es extraordinariamente aguda: son capaces de detectar una carroña a varios kilómetros de distancia. Además, observan el comportamiento de otros buitres: si uno desciende bruscamente, los demás lo siguen, creando una red de información visual que se extiende por todo el territorio.

Función ecológica

Los buitres son los grandes recicladores de los ecosistemas. Al consumir rápidamente los cadáveres de animales domésticos y salvajes, evitan la proliferación de enfermedades como la brucelosis o la tuberculosis bovina. Su aparato digestivo, con un pH gástrico extremadamente ácido, destruye patógenos que serían letales para otros animales.

La pérdida de buitres de un ecosistema tiene consecuencias devastadoras: los cadáveres tardan mucho más en desaparecer y aumentan las poblaciones de animales carroñeros oportunistas que sí pueden transmitir enfermedades, como perros asilvestrados o ratas.

Reproducción

Son monógamos y forman colonias de cría en cortados rocosos inaccesibles. La puesta es de un único huevo, que ambos progenitores incuban durante unos 55 días. El pollo permanece en el nido cerca de 4 meses y los adultos lo alimentan regurgitando carroña parcialmente digerida. La madurez sexual no se alcanza hasta los 5-6 años.

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