Liebre
La liebre ibérica es un lagomorfo de tamaño mediano a grande, caracterizada por su cuerpo esbelto y atlético. Su pelaje es de tonos marrones o grisáceos en el dorso, con las partes inferiores blanquecinas. Posee orejas muy largas —más largas que la cabeza— y grandes ojos adaptados a su estilo de vida crepuscular y nocturno. Sus patas traseras son considerablemente más largas y fuertes que las delanteras, lo que le permite alcanzar grandes velocidades y realizar saltos impresionantes.
Hábitat y distribución
Es una especie endémica de la península ibérica muy adaptable. Prefiere los espacios abiertos o semiabiertos: zonas agrícolas, pastizales, estepas, matorrales y linderos de bosque. Evita los bosques muy densos y las zonas de alta montaña con mucha nieve. Es muy común encontrarse con ella en la Región Leonesa, donde su presencia varía en densidad según la calidad del hábitat.
Alimentación
Es un animal estrictamente herbívoro con una dieta variada y oportunista según la disponibilidad estacional: hierbas, brotes tiernos, hojas, tallos, raíces, cortezas, cereales como trigo o cebada, y leguminosas.
Comportamiento
De actividad principalmente crepuscular y nocturna, lleva una vida solitaria aunque en época de celo pueden observarse varios individuos juntos. Su principal defensa ante depredadores —zorros, lobos, rapaces— es el camuflaje y su velocidad: puede alcanzar los 70 km/h realizando zigzags para despistar. No construye madrigueras; se refugia en simples "camas", depresiones en el terreno entre la vegetación.
La época de cría se extiende casi todo el año, con picos en primavera y verano. Las hembras pueden tener hasta 3-4 camadas al año con 1 a 4 crías cada una. Los lebratos nacen con pelo y los ojos abiertos, y son capaces de correr a las pocas horas de nacer.
Curiosidades
Existe una teoría que sugiere que el nombre romano de la península, Hispania, podría derivar de la palabra fenicia I-Saphan, que significaría "tierra de hyraxes" o, por confusión con especies similares, "tierra de conejos y liebres", debido a la enorme abundancia de estos lagomorfos que encontraron los navegantes fenicios al llegar a la península.
Como los conejos, la liebre practica la cecotrofía: ingiere directamente sus propias heces blandas (cecótrofos) según las produce, sin que lleguen al suelo. Estas heces son ricas en proteínas y bacterias beneficiosas que no fueron absorbidas en el primer paso digestivo, permitiéndole extraer el máximo valor nutricional de una dieta muy fibrosa.
A diferencia de los conejos, cuyos gazapos nacen ciegos, sin pelo e indefensos, los lebratos de liebre nacen completamente desarrollados: con pelo, ojos abiertos y capaces de correr a las pocas horas. Esta estrategia, llamada precocidad, se debe a que la liebre no excava madrigueras y sus crías deben valerse por sí mismas desde el primer momento.