Lince Ibérico
El lince ibérico es el felino más amenazado del mundo y uno de los grandes símbolos de la conservación en la Península Ibérica. Con sus características patillas, las orejas en penacho y las patas largas adaptadas a terrenos irregulares, es un cazador especializado casi en exclusiva en el conejo de monte.
A mediados del siglo XX habitaba gran parte de la Región Leonesa, pero la drástica reducción del conejo, la pérdida de hábitat y la mortalidad en carreteras lo llevaron a desaparecer de estas tierras. A principios del siglo XXI, la especie se había reducido a apenas dos pequeñas poblaciones en Andalucía, con menos de cien individuos.
El lince regresa a la Región Leonesa
Gracias al programa europeo LIFE Iberlince, el lince ibérico está siendo reintroducido en nuevos territorios de la Península. En 2022 y 2023, se liberaron ejemplares en la Sierra de la Culebra (Zamora), una zona con amplia disponibilidad de conejos y escasa presión humana, convirtiéndose en una de las áreas de reintroducción más prometedoras del norte peninsular.
Además, individuos dispersantes procedentes de otras zonas han sido avistados en la provincia de Salamanca, en el entorno de los Arribes del Duero, así como en puntos aislados de León. Estos movimientos son una señal positiva de que la especie está explorando y colonizando nuevos territorios.
Comportamiento y caza
El lince es un cazador solitario y de hábitos principalmente crepusculares y nocturnos. Cada individuo defiende un amplio territorio que puede superar los 20 km². Su técnica de caza combina la paciencia con la velocidad: acecha a su presa con sigilo y, en el momento preciso, la abate con un salto certero.
El conejo supone más del 90% de su dieta, lo que convierte a esta especie en un indicador clave de la salud del ecosistema mediterráneo y de matorral. Cuando el conejo escasea, el lince no tiene alternativas reales y su supervivencia queda comprometida.
Reproducción
Las hembras paren entre uno y cuatro cachorros entre marzo y abril. Los jóvenes permanecen con su madre hasta el otoño o el invierno, cuando comienzan a dispersarse en busca de territorio propio, pudiendo recorrer centenares de kilómetros. Esta fase de dispersión es especialmente peligrosa por el riesgo de atropello en carreteras.
Conservación
La población ibérica ha pasado de menos de 100 ejemplares en 2002 a más de 1.000 en la actualidad, un éxito de conservación sin precedentes. Sin embargo, la especie sigue siendo Vulnerable según la UICN y su futuro depende de mantener poblaciones de conejo estables, reducir la mortalidad en carreteras y conectar los diferentes núcleos poblacionales.