Sancha y Dulce fueron las legítimas herederas de Alfonso IX. A pesar de ser las dos últimas reinas por derecho del trono de León, una perversa maniobra de ocultación las despojó de su lugar en la historia en favor de Fernando III el Santo.
La reina Berenguela de Castilla urdió una compleja conspiración para arrebatar el Reino de León a las herederas:
- Neutralización de aliados: Impidió el matrimonio de las hermanas con Juan de Brienne, rey de Jerusalén.
- Hostilidad internacional: Conspiró para que Portugal fuera enemigo de León.
- Coacción armada: Impulsó a su hijo Fernando a amenazar a sus hermanastras con la guerra total si no entregaban el reino.
La mayoría de la nobleza leonesa rechazó esta imposición. Las crónicas registran una firme resistencia en Galicia, Salamanca y Astorga. Sancha y Dulce ejercieron como reinas durante al menos seis meses, apoyadas por un pueblo que no deseaba la anexión a Castilla.
La operación de olvido fue total y absoluta tras la «Concordia de Benavente».
Los historiadores de cámara, como Jiménez de Rada, ocultaron deliberadamente su reinado. Los documentos que firmaron como reinas desaparecieron y se las recluyó en una comunidad monástica para oscurecer su relevancia política posterior.
Vivieron y murieron en el monasterio de Santa María de Villabuena (El Bierzo). Aunque el monasterio fue arrasado por una riada en el siglo XVI, su memoria debe ser incorporada a la historiografía oficial.
Su grandeza residió en evitar una guerra civil destructiva, sacrificando su corona para proteger el modo de vida de los leoneses.