Desde su fundación en 1980, Bajo Duero ha pasado de ser un pequeño grupo con trajes carbajalinos y ocho canciones, a convertirse en un referente nacional e internacional en la preservación del patrimonio inmaterial de Zamora.
Trabajo de campo: Han recorrido todas las comarcas de la provincia, entrevistando a personas mayores para rescatar bailes, canciones, costumbres y trajes que estaban a punto de perderse.
Archivo sonoro y audiovisual: Conservan un extenso archivo con grabaciones únicas de fiestas, rondas, nanas y celebraciones tradicionales.
Instrumentación tradicional: Recuperaron el uso de gaitas, dulzainas, flautas y tamboriles, desterrando el clarinete que usaban al principio.
Indumentaria: Han restaurado y replicado prendas antiguas de todas las comarcas zamoranas, creando un fondo textil que es auténtico patrimonio cultural.
Escuela de música y baile tradicional: Forman nuevas generaciones que aprenden directamente de los veteranos, garantizando el relevo y la continuidad del folclore.
Proyección internacional: Han llevado el folclore zamorano a países como Portugal, Francia, Suiza, Croacia, Irlanda del Norte, Alemania, Finlandia, Inglaterra, Austria, Hungría, Argentina y Cuba.
Los zancos o zancas, son artilugios tan antiguos casi como el ser humano. Documentados en prácticamente todos los lugares del mundo, han sido la respuesta ingeniosa de nuestra especie para superar los límites del terreno.
Ausín Sáinz pone en escena una distopía retrofuturista con la que aborda el problema de la vivienda y la creciente dificultad de acceso a esta en núcleos urbanos españoles