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En las ferias en los pueblos, donde se compraba y vendía el ganado a los tratantes o «jateros», cuando la palabra valía más que un documento, cuando la compraventa se componía de tres inexcusables partes que conformaban este acto, el trato, el estrechar la mano y la robla o robra.
La robra o robla es una celebración después de cerrada una venta, tras dar la palabra, estrechar la mano para cerrar el trato, hay que cumplir con el antiguo ritual de «la robra», corrobra, botojuela, echar el alboroque en otros lugares.
Escritura de venta de una casa en «Riofrío de Tábara». Año 1.895. Fotografía de JB.Transcripción del Documento:
En el pueblo de Riofrío de Tábara Partido judicial de Alcañices Provincia de Zamora a treinta de julio de mil ochocientos noventa y cinco ante los testigos que al final se expresan comparecen: De una parte Don Luis del Río Fernández mayor de edad viudo y vecino de este pueblo y de la otra Don Manuel Brizuela Herrero mayor de edad y vecino de la misma asegurando hallarse los dos con el conocimiento y capacidad legal necesaria para hacer este documento. Primero que Don Luis del Río Fernández posee como dueño de la misma la finca siguiente situada en el término de este pueblo Riofrío de Tábara.
Una casa en el casco de este pueblo y sitio llamado el Barrio de San Frontis que linda al Naciente y Mediodía con Gabriela Morán Poniente con Domingo Blanco y norte calle pública valorada en doscientas cincuenta pesetas.
Dicha casa deslindada se la vende Luis del Río Fernández a Manuel Brizuela Herrero con todas sus entradas salidas usos y costumbres libre de toda carga y gravamen que de alguno tuviera el vendedor no sabido conocedor de ello para que sea para el su mujer hijos y sucesores ó a quien por derecho la vendiese y se la venda en el precio y cantidad arriba expresado de doscientas cincuenta pesetas que en este acto entrega el comprador al vendedor ante los testigos y como satisfecho pues es lo único que vale y si más valiese le hago gracia y donación de ello hago la presente escritura que no firma por declarar no saber y lo hace a mi ruego y por mi mandato uno de los testigos presentes que son Juan Vara Andrés Vicente y Domingo Fernández vecinos de este pueblo y Matías Vega vecino de Puercas de Aliste en Riofrío de Tábara y fecha ut supra (como arriba) = entre renglones = pueblo = a ruego de Luis del Río.
Firmas:
Andrés Vicente, Juan Vara Domingo Fernández, Matías Vega
Todo comenzaba cuando alguien estaba interesado en la compra o venta de una finca, normalmente porque le lindaba con una que ya poseía. A través de otra persona o directamente se le hacía llegar al propietario el interés por la adquisición del prado, cortina, quiñón o hasta una casa.
Una vez en contacto directo o indirecto este «mandaba» una cantidad sobre el valor de la finca que normalmente era a la baja, no aceptándola el vendedor a la primera, por lo que comenzaba «la porfía», ofreciendo poco uno y pidiendo más el otro hasta llegar a un acuerdo o trato.
Ocurría lo mismo con el ganado.
Los tratantes se pateaban los pueblos para averiguar quién tenía «jatos» o terneras listos para vender y asistían a las ferias de la comarca donde eran muy conocidos. Tratante y vendedor iban informados de los precios antes de «entrar al trato», normalmente el vendedor pedía una cantidad superior a la del mercado, el tratante enumeraba los defectos del animal y «mandaba» una cantidad menor, el vendedor se resistía, etc. A veces el tratante se marchaba e iba a ver a otros vecinos e iniciar un nuevo trato; el vendedor entre tanto también se informaba de lo que se «mandaba» o pagaba. El tratante volvía y vuelta al regateo hasta que llegaban a un precio consensuado.
En ambos casos, tanto en la venta de las fincas como la de los jatos, algunos tratos se complicaban y tenían que echar mano de un tercero de confianza de las partes, un «hombre bueno» que «terciaba» en el precio final con el tradicional... «a chocar las manos, y la diferencia a la mitad» .
Una vez todos conformes con lo ofrecido y demandado, llegaba el fuerte apretón de manos «de arriba a abajo» y la consabida frase de... ¡Trato hecho! que tenía más validez que un contrato, no había vuelta atrás.
También se decía «echar el buen provecho» con el significado de aceptar una oferta, estás palabras representaban también el acuerdo, el pacto comercial irrompible, que es ley, no hacen falta papeles.
Sí se trataba de una finca o una vivienda, días después se hacía una escritura de compraventa privada.
En el caso de los tratantes se conocían todos y si alguno faltara a su palabra podía ir dejando el oficio. Sellado el trato el tratante procedía a «marcar» la res cortándole con la tijera parte de las «serdas» o pelo del rabo.
El deseado final de la operación se celebraba con la robla o «echar la robra», convidada a todos los intervinientes en el trato que normalmente pagaba el vendedor «pagar la robra» en la taberna o bien en su casa y al que siempre se apuntaba algún «gorrón». Consistía en «echar unas jarras» con un poco de pan de hogaza y medio kilo del típico «escabeche».
Allí se comentaban las incidencias del trato que ayudados por la tripa llena y la alegría del vino quedaba resuelta cualquier diferencia o suspicacia que se hubiese dado en el acuerdo.
Porque... ¡Un trato es un trato! Y la robra era un acto de obligado cumplimiento en dichos tratos, que no quedaba clausurado hasta que la parte vendedora cumpliese con el ritual de la robla.
No intento «romantizar» épocas de hambre, desigualdad, falta de educación o sanidad pero echamos de menos ese sentimiento comunal de antes.
Me conformo con rememorar costumbres no tan perdidas y pellizcar conciencias sobre el peligro de la despoblación.
Autor de El Principe Piquirrín: https://laregionleonesa.com/el-principe-piquirrin
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