Sancho I es conocido como «el Craso» por su extrema obesidad. Las crónicas afirman que llegó a pesar 240 kg y no podía montar a caballo.
«El Craso» proviene del latín crassus, que significa «grueso» o «grande». Se cuenta que Sancho celebraba banquetes con casi treinta platos y que su obesidad generó rechazo entre la nobleza.
Sancho I tomó la corona leonesa al morir su hermano Ordoño III en el 956. Sus dos reinados se caracterizaron por enfrentamientos, pactos y traiciones con los musulmanes y la alta nobleza, así como por una vida de excesos que marcó su imagen pública.
Aunque inicialmente apoyado por nobles, su gobierno mediocre y su imagen provocaron una rebelión. Fue destronado por los nobles leoneses y el Conde de Castilla, quienes colocaron en el trono a Ordoño IV.
Sancho huyó y se refugió con su abuela, la reina Toda de Pamplona. Ella pactó con Abderramán III, califa de Córdoba, para que los médicos del califato le ayudaran a perder peso. Sancho se sometió a un tratamiento extremo: se le cosió la boca, se le ató de pies y manos, y fue alimentado con infusiones durante 40 días.
Tras perder 100 kg y reunir un ejército con ayuda pamplonesa y musulmana, Sancho tomó Zamora en la primavera del 959. Derrotó a Ordoño IV y recuperó la corona. Sin embargo, no cumplió lo pactado con Abderramán, lo que provocó nuevas alianzas contra él.
En el año 966, Sancho I muere tras comer una manzana envenenada. Se sospecha que Abderramán III estuvo implicado en su muerte como represalia por el incumplimiento de los pactos.
Firma autógrafa de Sancho I de León.