El reinado de Ordoño IV fue uno de los más manipulados por intereses externos. Llegó al trono gracias al apoyo del conde Fernán González de Castilla, pero solo reinó dos años. Fue una marioneta de los poderes navarro-castellanos y nunca logró consolidarse como monarca independiente.
Tras perder el favor de Fernán González, fue abandonado incluso por su esposa Urraca Fernández, hija del propio conde. Derrotado por su primo Sancho I, huyó a Asturias, luego a Burgos, y finalmente al califato de Córdoba.
En Córdoba, pasó a ser un instrumento político de Abderramán III, y más tarde de su hijo Alhakén II. Sin poder ni influencia, falleció en el exilio en 962. Su cuerpo fue trasladado a la iglesia de San Salvador de Palat de Rei en León.
Ordoño IV es recordado como un rey de destino trágico, que no supo liberarse de quienes lo auparon al trono y lo abandonaron sin piedad.
Texto de José Vicente Álvarez, profesor de historia en el I.E.S. Eras de Renueva de León.