Alfonso IV es conocido como «El Monje» por haber abdicado voluntariamente y retirarse a la vida religiosa en el monasterio de Sahagún, algo inusual entre los monarcas medievales.
Tras la victoria en la guerra civil leonesa, Alfonso IV fue coronado rey de León el 12 de febrero del año 926. Él y sus hermanos se repartieron el reino ese mismo año.
Alfonso IV fue hijo de Ordoño II y hermano de Sancho Ordóñez y Ramiro II, quienes también ocuparon el trono leonés. Su reinado se caracterizó por la inestabilidad política y las luchas internas entre nobles. No obstante, sus hermanos mantuvieron buenas relaciones con él mientras fue rey.
En el 931 fallece su esposa Oneca, hecho que afectó profundamente a Alfonso. Decidió abdicar del trono en favor de su hermano Ramiro II y se retiró al monasterio de Sahagún, de ahí su apodo «El Monje».
Meses después, descontento con su nueva vida monástica y con los acontecimientos del reino, Alfonso intentó recuperar el trono con el apoyo de algunos nobles. La rebelión fracasó y fue hecho prisionero por Ramiro II. Como castigo, Alfonso IV, Alfonso Froilaz y sus hermanos fueron cegados, y sus posesiones repartidas. Alfonso IV pasó el resto de sus días en el monasterio de Ruiforco de Torío, construido por su abuelo décadas atrás.