Sentirse castellano es libre, ignorar que no lo eres, de necios
Un repaso a la investigación académica sobre identidad, historia y lengua en León, Zamora y Salamanca, frente a la idea de que estas provincias son "castellanas".
Me apena escribir este artículo. Me apena tener que argumentar lo que debería sobrentenderse, dedicar horas a fundamentar con tesis doctorales y barómetros del CIS algo que la geografía, la sociología, la historia y ocho siglos de documentos dejaron escrito hace mucho.
Pero me apena todavía más leer, un día sí y otro también, a un zamorano o salmantino proclamarse castellano con la misma naturalidad con la que confundiría el Duero con el Pisuerga. No lo digo con desprecio, o no solo, sino con una mezcla de tristeza y perplejidad: que alguien renuncie a lo que es por pura desmemoria me parece una de las formas más silenciosas del despojo.
Así que escribo esto. No para ofender a nadie, sino para poner sobre la mesa lo que la investigación académica, no la bandera ni el eslogan, tiene que decir sobre quiénes somos los que vivimos en la Región Leonesa, es decir, en las provincias de Salamanca, Zamora y León.
La trampa de la pregunta
Conviene empezar por deshacer un equívoco. Cuando alguien dice "yo me siento castellano" y otro responde "pues históricamente eres leonés", los dos están hablando de cosas distintas y creyendo que discuten sobre la misma. Y esa confusión no es menor, sino que se trata del quid de la cuestión.
La sociología de la identidad lleva décadas distinguiendo entre dos planos que no deben mezclarse. Por un lado están los rasgos histórico-culturales objetivos: el territorio, las instituciones que lo gobernaron, la lengua, las tradiciones, el poso documental de los siglos. Por otro está la identidad subjetiva: cómo se define a sí misma una persona cuando le preguntan. Y la clave metodológica, la que casi nadie que discute en redes argumenta, es esta:
"un territorio puede tener una historia diferenciada y, al mismo tiempo, una identidad sentida débil, fragmentada o mezclada con otras."
Las dos cosas son verdad a la vez. No se contradicen. Es la distinción que articula el estudio sociológico de referencia sobre la cuestión, el de Martín Gómez y su equipo (2024), que apoya su trabajo en autores como Castells, Weber, Bauman o Pérez-Agote.
Dicho de otro modo: que un zamorano se sienta castellano no convierte a Zamora en Castilla, igual que sentirse joven no rejuvenece las arterias. El sentimiento es real, respetable y digno de estudio. Pero es un dato sobre la persona, no sobre el territorio.
Lo que dice el pasado (y lo que no)
Aquí conviene ser honesto, porque el leonesismo mal entendido a veces cae en su propia trampa: la de imaginar que existe una línea recta e ininterrumpida desde el Reino de León medieval hasta el sentimiento de hoy, como si la identidad fuera una herencia que se transmite intacta de padres a hijos. No lo es. La historiografía seria, la que reúne, por ejemplo, la obra colectiva sobre El reino de León en la Edad Media, advierte precisamente contra ese error: no se pueden trasladar sin más las fronteras y los poderes medievales al mapa emocional del presente.
Pero reconocer eso no debilita el argumento; lo depura. Porque lo que sí queda, documentado y verificable, es una diferenciación histórico-cultural reconocible. El antiguo Reino de León fue una estructura política real, con sus territorios, sus fueros y sus instituciones. La región leonesa tuvo entidad administrativa propia, la de la división provincial de 1833, y persistió como tal hasta que el proceso autonómico de la Transición la disolvió dentro de una comunidad diseñada en los despachos de finales de los setenta. Ese recorrido, y las movilizaciones que provocó, están estudiados con detalle en el trabajo de Castro Ruiz (2023) sobre el movimiento leonesista desde la Transición. Nada de esto son "inventos", es historia territorial documentada.
El error del negacionista, el del zamorano o salmantino que se cree castellano, y el error del exaltado, el que cree que León es una nación oprimida con mil años de conciencia continua, son en el fondo el mismo error invertido: los dos confunden la existencia objetiva de una diferencia histórica con su traducción automática en identidad política. La diferencia existe, su peso en los corazones, ese es otro cantar.
La lengua: poco peso, pero peso
Llego al terreno que más me importa, y donde más cuidado tengo de no exagerar. El asturleonés, el llionés, es una lengua histórica real, parte de un continuo lingüístico que atraviesa Asturias, León, Zamora, con posos en Salamanca e incluso Extremadura. La lengua no es ninguna excentricidad de nostálgicos o partidarios de cierta ideología: los atlas lingüísticos lo documentan, la filología lo clasifica, y su frontera con el castellano y con el gallego está trazada con criterios científicos, no sentimentales o ideológicos.
Ahora bien, seamos rigurosos. La tesis doctoral de Salgado Fuentes (2015), probablemente la referencia central sobre la identidad regional en los territorios del antiguo Reino de León, concluye algo incómodo para cierto leonesismo: el factor lingüístico tiene un peso débil como motor de la identidad. La mayoría de la población no habla la lengua, y para muchos no es el eje de lo que sienten. En la encuesta del CIS de 1995, solo un 15,4 % señalaba la lengua como principal elemento diferenciador, frente a un 43,2 % que elegía la historia.
Podría omitir este dato, sería más cómodo, pero mentiría, y un argumento que necesita esconder pruebas para sostenerse no vale nada. Así que lo digo claro: la lengua no es la prueba principal de nada. Es un marcador entre otros. Su valor no está en cargar sobre sus hombros toda la identidad, sino en sumarse, junto al territorio, las instituciones históricas, las tradiciones y la memoria, a un conjunto de rasgos que, tomados en bloque, dibujan una diferenciación cultural que no desaparece porque un porcentaje de la gente la haya olvidado. Poco peso, sí; pero peso. Y un edificio se sostiene sobre muchas piedras pequeñas, no sobre una sola viga.
Los números, sin maquillar
Y ahora la parte que a un leonesista militante le va a gustar menos, pero que este artículo tiene la obligación de contar, porque sin ella sería propaganda y no análisis.
Los datos demoscópicos no dibujan una León en pie reclamando su identidad perdida. Dibujan algo mucho más desangelado. En el estudio del CIS de 2022, la identificación media con Castilla y León era de 7,19 sobre 10: significativa, pero inferior a la identidad española (8,58), a la del propio municipio (8,18) y a la provincial (8,07). Y no es un dato aislado: el análisis sociológico de Hernández (2010) sobre el bajo sentimiento autonómico en Castilla y León (una fuente académica independiente, ajena a cualquier organismo autonómico) apunta en la misma dirección, explicando por qué esa identidad nunca ha logrado consolidarse como marco dominante frente a las lealtades provinciales y españolas que la preceden.
¿Qué nos dice esto? Que la identidad subjetiva mayoritaria en estas tierras es hoy provincial, española y fragmentada, más que leonesa en sentido fuerte. El estudio sociológico más solvente sobre la cuestión, el de Martín Gómez y su equipo (2024), que se pregunta si Castilla y León es una identidad real o "el fantasma de una ausencia", confirma que la identidad autonómica, aun siendo más sólida de lo que se creía, convive con lealtades provinciales y españolas muy arraigadas. Es la misma idea que trabaja Díaz Viana cuando describe Castilla y León como "un territorio cuestionado", construido tanto con historia como con relatos y símbolos.
Y sin embargo, cuando la pregunta no se hace a nivel individual sino institucional, todo cambia. En León, el proceso de autonomía por la vía del artículo 143 de la Constitución, que exige el respaldo de dos tercios de los municipios y más de la mitad de la población, ya está cumplido: 141 de los 211 municipios leoneses, que representan a 262.588 de los 447.802 habitantes de la provincia (58,64 %), se han posicionado a favor. En Zamora y Salamanca el proceso sigue abierto, sin ese umbral alcanzado todavía. Es un dato importante: cuando se pregunta a la institución más cercana al ciudadano, el ayuntamiento de su propio pueblo, la respuesta leonesista, al menos en León, es mayoritaria.
Podría parecer que algunos de estos datos me quitan la razón. Es justo al revés. Lo que muestran es que la desmemoria es mayoritaria, y precisamente por eso hacía falta escribir esto. Que mucha gente haya dejado de saber lo que es no cambia lo que es; solo mide el tamaño del olvido. Ninguna de esas encuestas pregunta por lo que la historia documenta. Preguntan por lo que la gente siente. Y una cosa es el termómetro del sentimiento y otra el registro del pasado.
Entonces, ¿qué somos?
Vuelvo al zamorano, y al salmantino, y a quien siendo leonés se siente igualmente castellano, porque con ellos empecé y les debo una respuesta que no sea un exabrupto.
No estáis equivocados por sentir lo que sentís. El sentimiento no se discute con argumentos: puedes ser de Zamora, de Salamanca o incluso de León, y sentirte castellano, ese sentimiento seguirá siendo tuyo, legítimo y respetable. Os equivocáis si creéis que ese sentimiento describe el territorio que pisáis, su historia, sus instituciones o su lengua. Zamora y Salamanca pertenecieron al Reino de León, formaron parte de la región leonesa hasta el proceso autonómico, y comparten con León un sustrato cultural e histórico que la filología y la historia documentan sin margen para la opinión. Que hoy te sientas castellano, seas de donde seas, es un dato sobre ti. Que estas tierras sean histórica y culturalmente leonesas es un dato sobre ellas. Y los dos pueden convivir sin que el primero borre al segundo.
La tesis de este artículo, entonces, no es un grito ni una consigna. Es una distinción serena: existe una diferenciación histórica y cultural reconocible entre lo leonés y lo castellano (territorio, instituciones, tradiciones y, en menor medida, lengua), y esa diferenciación es objetiva y verificable con independencia de que la identidad sentida de la población hoy sea desigual, provincial y, en buena parte, olvidadiza.
No escribo para convencer a nadie de que salga a la calle con una bandera. Escribo para que, la próxima vez que alguien afirme sentirse castellano siendo de Zamora, sepa al menos qué está diciendo: que ha decidido, con todo su derecho, sentir algo distinto de lo que la historia escribió sobre la tierra que habita. Sentirlo es libre. Saberlo, también. Lo que no me parece libre, sino triste, es no saberlo siquiera.
Por eso escribo, con pena, sí, pero con los datos sobre la mesa.
Fuentes
- Salgado Fuentes, C. J. (2015). La evolución de la identidad regional en los territorios del antiguo Reino de León (Salamanca, Zamora, León). Tesis doctoral, Universidad de Salamanca.
- Castro Ruiz, J. Á. (2023). "El movimiento leonesista desde el proceso autonómico hasta la actualidad". Política y Gobernanza, 7, 67-93.
- Martín Gómez, Á., Arcajo Fuentes, N., Gómez Rodilla, I. y Galindo Pérez, S. (2024). "Castilla y León, ¿ausencia de identidad o fantasma de la ausencia?". Papeles de Identidad, 2024(1), art. 294.
- Díaz Viana, L. (2010). "Castilla y León, un territorio cuestionado: retóricas del espacio y del tiempo en la construcción de identidades". Revista de Dialectología y Tradiciones Populares, 65(1), 45-64.
- Molina, Á. L. (ed.) (2024). El reino de León en la Edad Media: territorios, poderes y discursos. Asociación Española de Historia Medieval.
- "Gallego, asturiano-leonés y castellano en las provincias de León y Zamora a la luz de los datos del ALPI y del Atlas Lingüístico del Bierzo" (2008).
- Fernández Chapman, C. "El asturleonés: dominio territorial y denominaciones". Lletres Asturianes, Universidad de Oviedo.
- Hernández, A. (2010). "¿Por qué en Castilla y León existe un bajo sentimiento regional a principios del siglo XXI? Una explicación sociológica". Anales de Estudios Económicos y Empresariales, 20, 9-49.
- CIS, estudio 2032 (1995).
- CIS, estudio 3350 (2022), Tendencias de voto en Castilla y León.
Etiquetado como
Autor
Rubén SilvaApasionado de nuestro legado histórico y cultural. Monitor de cultura tradicional leonesa, Técnico especialista en Dinamización del Medio Rural y Desarrollador de aplicaciones web.
0 comentarios
Sé el primero en comentar.
¿Tienes algo que decir?
Accede para dejar tu comentario.