El misterio de los petroglifos de La Maragatería
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Sugerencias:
La cultura castreña en la Montaña Leonesa, desarrollada entre la Edad de Bronce y la llegada de los romanos, nos muestra cómo las comunidades de astures se adaptaban al entorno y defendían sus recursos.
Sus poblados fortificados son testigos de una forma de vida que evolucionó durante siglos y que aún hoy nos ayuda a entender nuestro pasado.

Los primeros asentamientos aparecen en la fase final de la Edad de Bronce, pero es en la Edad de Hierro cuando los castros alcanzan su mayor desarrollo.

En ese momento se construyen defensas más elaboradas, como fosos excavados en la tierra o en la roca, que protegían a los habitantes frente a posibles ataques.

Ejemplos como Otero, Murías, Villaceid o La Valcueva muestran cómo estas obras se diseñaban para reforzar los puntos más débiles de los poblados.

Los castros se situaban en lugares estratégicos: cerca de ríos, pasos naturales de montaña y zonas de fácil vigilancia. Esta ubicación permitía controlar el territorio y acceder a recursos valiosos, como los minerales de hierro y oro. Aunque no existía un único modelo de asentamiento, algunos patrones se repiten en distintas regiones, como en Álava o en el Bierzo, donde se encuentran estructuras similares.

Las evidencias materiales conocidas en la Montaña Leonesa son limitadas y, en muchos casos, proceden de hallazgos aislados o de excavaciones parciales. Aun así, permiten esbozar una cronología y comprender mejor la evolución cultural. Se han documentado distintos tipos de viviendas, tanto de planta cuadrada como circular, y piezas de orfebrería como fíbulas, que reflejan influencias externas y ayudan a situar estas comunidades dentro de la Segunda Edad de Hierro.

La ubicación de los castros en relación con los recursos naturales y las rutas de comunicación muestra una estrategia que combinaba defensa y aprovechamiento económico.

La proximidad a zonas mineras de hierro y oro sugiere que la explotación de estos materiales fue un factor clave en la organización del territorio. En muchos casos, estas actividades continuaron bajo dominio romano, integrando los castros en un sistema más amplio de control y producción.
El estudio de los castros de la Montaña Leonesa permite comprender un largo proceso de adaptación cultural que se extiende desde la Edad de Bronce hasta la romanización. Estos asentamientos, con sus defensas y ubicaciones estratégicas, muestran comunidades que supieron aprovechar los recursos de un entorno montañoso y, al mismo tiempo, protegerse frente a amenazas externas. Aunque las evidencias materiales son todavía limitadas y requieren nuevas investigaciones, lo que conocemos revela sociedades dinámicas, capaces de transformar su modo de vida en función de la geografía y de las influencias externas. En conjunto, los castros constituyen un testimonio esencial de cómo las poblaciones prerromanas de León construyeron su identidad y dejaron una huella duradera en la historia del noroeste peninsular.
Fuentes
Apasionado de nuestro legado histórico y cultural. Monitor de cultura tradicional leonesa, Técnico especialista en Dinamización del Medio Rural y Desarrollador de aplicaciones web.
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