Orallo, valle de Laciana

Paseando por Orallo (Ouratsu en patsuezu) pueblo ejemplar de la montaña occidental leonesa.

 Lo primero que nos llama la atención es el gran castillete minero que nos encontraremos nada más entrar, el «pozo Calderón», un recuerdo de los tiempos en los que la minería del carbón era el motor del valle.

 

Subiendo la carretera nos encontramos con el barrio «los cuarteles», un  barrio residencial que fue construido para los trabajadores de la «Minero Siderúrgica de Ponferrada«, la cual era la  propietaria de las minas y algunos terrenos.

Continuando por la única carretera que atraviesa la localidad, nos adentramos en el corazón del pueblo antiguo, o como los lugareños lo distinguen de la zona baja «Orallo pueblo».
Llama poderosamente la atención el edificio del colegio. Educó a los niños de Orallo desde 1914 hasta hace tan sólo dos años, cuando después de 109 años de historia se cerraba por falta de escolares.

Seguimos subiendo y vemos el «Palacio de Orallo», una casona señorial con siglo y pico de antigüedad situado en un terreno particular, de ahí su estado ruinoso, pero vale la pena echarle un vistazo así como a la «Ermita de Orallo» que está próxima.

Igualmente en la parte alta del pueblo, podemos ver los «lavaderos», un espacio donde las mujeres de otros tiempos lavaban la ropa a mano, y que ahora la junta vecinal ha reacondicionado.

Entre las últimas casas del pueblo, vemos algunos hórreos que se conservan estupendamente

Si continuamos nuestro camino, llegamos al final del pueblo y comienza la ruta hacia las brañas. Nos recibe un agradable merendero muy frecuentado en verano, situado al lado de una poza que usan los más osados vecinos para refrescarse con el calor. 

Continuando por la pista de tierra que sale ya del pueblo, y tras un rato de caminata, llegamos a las brañas, que antaño era el lugar escogido por la trashumancia para pasar el verano. Venían desde las lejanas tierras extremeñas para que su ganado pastase las nutritivas hierbas que hay en las brañas durante todo el año. Hoy día, los vecinos tienen allí sus segundas residencias o «cabanas» como se las conoce en la zona. Dichos refugios sirven para veranear y para cobijarse en invierno, pues los lugareños viven de la ganadería.

Existen unas rutas de diferentes niveles de dificultad para visitar la zona

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