Clara de Villarmayor, «musa» del folclore charro

Es popular en toda la provincia de Salamanca una jota o copla llamada «La Clara».

Quizás las generaciones actuales aun conozcan la canción, pero desconozcan el hecho de que Clara existió realmente. Hoy la recordaremos.

Clara. Foto de Gabriel Calvo presentada en la ponencia "mujeres inmortales folclore salmantino"

Clara Martin Mangas fue una mujer de la que se habló mucho en su tiempo y años venideros. Nació el 9 de Junio de 1878 en el pueblo de Villarmayor, muy cerca de Ledesma. Era la hija de un herrero llamado Pedro Martín.

Siendo muy joven, se fue a servir a Ledesma, a casa de un rico terrateniente llamado José Vicente Diez, al cual apodaban «Chapurrín».

Al poco tiempo, Clara se hizo notar en Ledesma por su belleza, y por supuesto esto no pasó desapercibido para «Chapurrín». 
Cuando Clara contaba con sólo 21 años, se casa con el terrateniente, el cual le llevaba varios años. Pronto tienen el primer hijo, y la familia va aumentando hasta llegar a ser numerosa.

Clara se convierte en el centro de las envidias, odios, comidillas y desprecios de Ledesma y alrededores, pues es una joven sirvienta que se ha casado con el «señor», el cual  le lleva varios años, y que  además era muy pretendido por las mozas de la zona debido a sus bienes, veni vidi vici
Falleció muy joven, y al perecer los lugareños le compusieron esta copla que pronto pasó a formar parte del cancionero popular salmantino. 

Otra versión

Cortesía de su autor Gabriel Calvo

LETRA:

La Clara cuando va a misa
se pone en el altar mayor
con el librito en la mano
pidiéndole a Dios perdón.
 
¡Ay la Clara, la Clara, la Clara!
que antes era sosa y ahora resalada.
¡Ay guindilla, guindilla, guindilla!
que ya no te quiere la de la toquilla.
 
La Clara cuando va al baile
forma corro alrededor
habla, canta, toca y baila
hasta la puesta del sol.
¡Ay la Clara, la Clara, la Clara!
que antes era sosa y ahora resalada.
Albardero, albardero, albardero
que ya no te quiere la hija del herrero.
 
Es la Clara la mocita
más bonita que se vió
y que a todos los mocitos
calabazas siempre dió.
¡Ay la Clara, la Clara, la Clara!
que antes era sosa y ahora resalada.
¡Ay guindilla, guindilla, guindilla!
que ya no te quiere la de la toquilla.

FUENTE: Ponencia «mujeres inmortales folclore salmantino» de Gabriel Calvo. 2017

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