Crisis en San Froilán: la Asociación de Pendones renuncia a organizar el desfile de 2026
Los Pendones del Reino de León se desvinculan a dos semanas del evento
El desfile de los Pendones Concejiles, es una de las señas de identidad más profundas de esta tierra. El mágico momento en que las juntas vecinales de nuestras comarcas salen a la calle con su pendón, con sus colores y su historia, y recorren juntos el centro de León.
Pero este 2026 no se recordará por las espectaculares fotos de las telas frente a la catedral, sino por la ausencia de las mismas. La Asociación Cultural de Pendones del Reino de León ha renunciado a organizar el desfile, y a dos semanas de la cita el Ayuntamiento se queda solo.
Es una fractura sin precedentes, y conviene entender cómo se ha llegado hasta aquí, porque no fue de un día para otro. Lo que empezó como un simple convenio técnico acabó convertido en una ruptura en toda regla.
El origen: la polémica de la vestimenta
Todo arranca a principios de septiembre, con la apertura de inscripciones. Lo que parecía un trámite rutinario escondía una novedad importante en las bases reguladoras. A diferencia de años anteriores, la normativa, redactada según sostiene la Asociación a partir de un convenio modificado y exigido por el propio Ayuntamiento, reforzaba las recomendaciones de uniformidad para dar más "empaque" al acto.
Las bases sugerían el traje regional tradicional o, en su defecto, una vestimenta común: pantalón negro, camisa blanca, calzado oscuro y fajín para los hombres. Y la indumentaria tenía peso en el concurso, pues es una de las categorías premiadas, con 250 euros a la mejor indumentaria del acompañamiento, aunque conviene precisar que este galardón no es una invención de este año: ya existía en ediciones anteriores. La diferencia en 2026 estuvo en el tono más estricto de las recomendaciones.
El presidente de la Asociación, Luis Bandera, defendía la medida, que según explicó surgió de una comisión de seguimiento con el Ayuntamiento y varios especialistas en etnografía, puesta en marcha tras el anterior San Froilán. Su razonamiento tiene un fundamento que muchos comparten: se trataba de reforzar el carácter ceremonial del desfile y evitar que la solemnidad del acto acabara degenerando en lo que él llamó un «desfile de peñas». «Hay que darle más empaque a San Froilán», resumió.
El estallido: los pueblos alzan la voz
La reacción de los pendonistas no se hizo esperar, y vino desde la base. Para localidades de la Omaña, Sajambre o la Maragatería, imponer un pantalón negro y una camisa blanca se interpretó como un intento de borrar los polos y camisetas que, con orgullo, identifican a cada concejo.
La magnitud del rechazo fue notable: primero fueron representantes de 39 localidades los que se plantaron, y en pocos días el apoyo superó los 60 pueblos. El argumento tenía una lógica difícil de rebatir: la identidad no se uniforma por decreto. Mientras la directiva buscaba una imagen más solemne y homogénea, los pueblos defendían su derecho a mostrarse tal como son, negándose a renunciar a aquello que los hace distintos.
El giro del Ayuntamiento
Ante el clamor, el Ayuntamiento intervino a comienzos de septiembre, pero su actuación, lejos de calmar los ánimos, terminó de minar la confianza. El consistorio emitió una aclaración pública en la que flexibilizaba la norma: el traje tradicional pasaba a ser solo "recomendable" y se autorizaba expresamente el uso de camisetas y polos locales, dejando claro que en ningún caso la vestimenta sería excluyente a la hora de desfilar.
Para los pueblos, un alivio. Para la directiva de la Asociación, una traición. Bandera y los suyos sintieron que el Ayuntamiento se echaba atrás sobre unas condiciones que, insisten, había redactado él mismo en el convenio. La sensación de haber sido "dejados a los pies de los caballos" marcó el punto de no retorno: la Asociación quedaba desautorizada ante sus propios socios, señalada por una norma impopular que aplicaba pero que, aseguran, no había partido de ellos. "Es totalmente mentira que fuera una imposición de la asociación", sentenció Bandera.
La paradoja: nunca hubo tantos pendones
Lo más significativo es que este conflicto llega en el mejor momento de la historia del desfile. Al cerrarse las inscripciones, las cifras eran de récord: más de 230 pueblos y unos 350 pendones y pendonetas. La tradición, por tanto, goza de excelente salud, nunca tantos pueblos habían querido desfilar. Lo que ha fallado no es la fiesta, sino la organización.
La renuncia del 18 de septiembre
Todo se resolvió la tarde del viernes 18 de septiembre. La Asamblea General Extraordinaria aprobó por mayoría absoluta, y con solo cuatro votos en contra, la decisión más drástica de su historia: la renuncia total a organizar el desfile de 2026.
Las consecuencias son claras, la Asociación deja toda la responsabilidad en manos del Ayuntamiento y reduce su papel al mínimo: facilitar los datos de los inscritos y poco más. Retira a su personal y su estructura logística, alegando que no puede asumir semejante organización sin respaldo institucional ni político. En su comunicado, subraya que, adoptada la decisión por la asamblea, no le corresponde asumir responsabilidades organizativas "que no le competen".
Qué está en juego el 4 de octubre
A dos semanas de la cita, León afronta un desfile sin quien lo dirija con experiencia. El Ayuntamiento tendrá que gestionar en solitario la concentración y el izado general de los pendones a media mañana, el traslado de cientos de mástiles de gran tamaño, su colocación y la seguridad a lo largo de todo el recorrido, desde San Marcos hasta la Catedral. Todo ello requiere un conocimiento especializado del que precisamente acaba de prescindir. A esto se añade que el desfile de carros engalanados también arrastra su propio conflicto: la asociación tradicional del carro leonés, que aportaba medio centenar de ellos, no participa por tercer año consecutivo por discrepancias sobre el recorrido y la seguridad. Habrá carros, una veintena se han inscrito, pero sin el colectivo que durante años fue su columna vertebral. Y queda por ver cómo se gestionan los 41.000 euros de presupuesto previstos, en un escenario de urgencia.
Más allá del resultado del próximo domingo, lo que ha quedado al descubierto es una herida abierta entre la identidad viva de los pueblos y la gestión institucional de la capital. El 4 de octubre no es un desfile más, es el respeto a una de nuestras tradiciones más queridas.
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