García I falleció en Zamora el 19 de enero de 914, dejando un legado de fortaleza y unidad. Aunque su reinado fue breve, sus esfuerzos por consolidar y expandir el poder cristiano en la península ibérica tuvieron un impacto duradero. Su sucesor, Ordoño II, continuó con las políticas de defensa y expansión iniciadas por García, asegurando la estabilidad y crecimiento del reino.
Su figura sigue siendo una fuente de orgullo para los leoneses, quienes celebran su legado como un pilar fundamental en la historia de su reino.