Presentación En el corazón de la comarca de Luna, a pocos kilómetros de León capital, se esconde uno de los rincones más sorprendentes de la provincia: el Desfiladero de los Calderones. Esta ruta nos lleva por un paisaje de roca, agua y vegetación, donde el sendero se abre paso entre paredes verticales y formaciones kársticas que parecen esculpidas por gigantes.
Es una ruta corta pero intensa, ideal para una mañana de verano. Aunque el sol aprieta, la sombra de los riscos y el frescor del arroyo hacen que el camino se disfrute sin agobios. Y lo mejor: es un lugar poco masificado, perfecto para desconectar.
Preparación
Inicio de la ruta y aparcamiento
Calzado: Muy recomendable llevar botas o zapatillas de senderismo con buena suela. Hay zonas con piedra suelta y pasos estrechos.
Aparcamiento: puedes aparcar en Piedrasecha, junto a la entrada del pueblo. Desde allí parte el sendero señalizado hacia el desfiladero.
Agua y comida: no hay fuentes en el camino, así que lleva agua suficiente. Un pequeño almuerzo en la zona alta del desfiladero puede ser un lujo.
Clima: en verano, mejor salir temprano. El desfiladero ofrece sombra parcial, pero el tramo de regreso puede ser más caluroso.
La ruta paso a paso
1. Inicio en Piedrasecha El sendero comienza en el extremo del pueblo, bien señalizado. Pronto nos adentramos en un entorno rocoso que anticipa lo que está por venir.
Piedrasecha (León)
2. El Fueyo y el arroyo
Apenas dejamos atrás las últimas casas de Piedrasecha, el paisaje nos sorprende con un giro abrupto: el Fueyo, una ladera escarpada y desnuda, se alza como una herida abierta en la tierra.
Su pendiente es pronunciada, y la ausencia de vegetación deja al descubierto un terreno quebrado, surcado por cárcavas y tonos rojizos, grises y ocres que delatan la presencia de hierro y pizarra. Es un contraste radical con lo que vendrá después.
Porque al seguir el curso del arroyo, el entorno se transforma. El terreno se suaviza, los colores se intensifican, y aparecen prados húmedos y riberas generosas, cubiertas de un verde profundo. El agua corre clara entre las piedras, y en algunos tramos se forman pequeñas pozas y cascadas que invitan al descanso —o incluso a un baño si el calor aprieta. Es un tramo sereno, casi secreto, donde el murmullo del agua acompaña cada paso.
Entrada al desfiladero Las paredes se estrechan y el camino se vuelve más técnico. El arroyo corre a nuestro lado, y la vegetación se vuelve más frondosa. Es uno de los tramos más fotogénicos.
Zona alta del desfiladero Tras una subida moderada, alcanzamos una zona más abierta con vistas al valle. Aquí se puede descansar, comer algo y disfrutar del silencio.
Regreso por pista forestal El camino de vuelta se hace por una pista más cómoda, que rodea el desfiladero por arriba. Las vistas son amplias y el descenso suave.
El Desfiladero de los Calderones es una joya escondida. No hace falta irse lejos para sentir la fuerza de la naturaleza, ni buscar rutas épicas para vivir una aventura. Aquí, entre las rocas de Luna, el senderismo se convierte en contemplación.
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