Coca de Alba no se rinde: un bar por un euro

Coca de Alba no se rinde: un bar por un euro

Queremos que venga gente que dinamice el pueblo y se empadrone aquí

En Coca de Alba, un pequeño municipio salmantino con menos de cien habitantes, la despoblación no es una amenaza lejana: es una realidad que se cuela por cada casa vacía, cada escuela cerrada, cada conversación que ya no ocurre. Pero el Ayuntamiento ha decidido plantar cara al abandono con una propuesta tan simbólica como urgente: alquilar el bar del pueblo por un euro al año.
No se trata solo de un negocio. Se trata de recuperar el latido de la comunidad. El bar, completamente reformado y listo para abrir, incluye cocina equipada, mobiliario, zona social, escenario para teatro, televisión y pantalla de proyección. Todo preparado para que alguien lo convierta en el corazón del pueblo.
La alcaldesa, Dori Vicente Ciudad, lo resume con claridad: “Queremos que venga gente que dinamice el pueblo y se empadrone aquí”. Porque Coca de Alba no busca solo un camarero, busca vida. Busca que alguien apueste por quedarse, por crear, por compartir.
La iniciativa se suma a otras similares en la provincia, donde ayuntamientos como los de Cantaracillo, Villaflores o Zorita de la Frontera han ofrecido rentas simbólicas y medidas de apoyo para mantener abiertos los bares, esos últimos bastiones de encuentro en la España vaciada.
La reforma del local ha sido posible gracias a la Diputación de Salamanca, y el contrato de arrendamiento contempla un año prorrogable hasta cuatro. Ya una familia se empadronó y gestionó el bar durante años, demostrando que sí se puede. Ahora, Coca de Alba vuelve a abrir la puerta.
Porque por un euro, lo que se ofrece no es solo un local: es la oportunidad de darle una vida nueva al pueblo. Y en tiempos de silencio, eso vale más que cualquier cifra.

Mariaje Blanco

Viajera de mundos, lectora de la vida, en constante búsqueda de belleza y significado.