El libro se presenta en dos partes: Primera Parte: Aproximación Teórico Práctica al estudio de la brujería en Zamora. Segunda Parte: Una miscelánea de temas esotéricos: La bruja como metáfora social, los curanderos y sanadores, adivinación y magia, espiritismo en Brasil, etc.
La primera parte del libro, en palabras de Julio Caro Baroja, que leyó el original, es un tratado de brujería, no para ejecutarla, sino para analizarla y comprenderla. Aunque la motivación inicial y el trabajo de campo es la práctica brujeril zamorana de la Tierra de Alba, el desarrollo y las conclusiones son extrapolables a cualquier lugar. El propio autor comentaba que había leído modelos parecidos en Italia o centroeuropa.
En el prólogo se expone la situación en la que se encuentra el tema y establece las diferencias entre ciencia, magia y religión, a partir de las cuales se puede comprender el fenómeno brujeril. Los epígrafes de la primera parte dan una idea del interesante contenido de este libro: caracterización y descubrimiento de la bruja, facultades y acciones, remedios contra su maleficio, cómo se hace una bruja… Aunque, desde el punto de vista antropológico, lo más importante es el capítulo nueve (Apuntes Hermenéuticos) donde hace la interpretación del fenómeno brujeril.
El Autor
Francisco Rodríguez Pascual
Nacido en Carbajales de Alba (Zamora), fue sacerdote claretiano y un prolífico investigador en antropología y etnografía. Dirigió la Biblioteca de Cultura Tradicional Zamorana y fue docente en la Universidad Pontificia de Salamanca y la UNED.
Su labor es considerada pionera en el estudio de las zonas de Zamora y Trás-os-Montes. Falleció en Salamanca en 2007, dejando un legado fundamental de 184 publicaciones sobre la cultura tradicional zamorana.
No es fácil adentrarse y aportar novedad en la temática histórica de "Los Comuneros" toda vez que ha sido estudiada y documentada por prestigiosos historiadores por su carácter referencial y significativo.
En el siglo pasado recorría los caminos leoneses un arriero nacido en Sanabria. Era alto, grande, exorbitante, colosal… con unos largos y fuertes brazos acostumbrados a levantar los sacos de trigo y los pellejos de vino. Sus inmensos ojos azules le llenaban de luz la tez ennegrecida por el sol y el viento de Sierra Culebra