Cuenta la historia de un sacerdote de cincuenta años, titular de una de las parroquias más singulares de la ciudad de León. Envidioso de los peregrinos que cada día pasan por delante de la misma, pone todo su empeño en conquistar el paraíso celestial recorriendo el Camino de Santiago
Pero la cosa no se la pondrá tan fácil el obispo de la diócesis, quien se opondrá frontalmente a que sustituya la ropa de consagrar por las botas y la mochila. Francia, finalmente, será su destino. Un destino que le deparará algo que jamás pudo ni quiso imaginar. El amor y la pasión por una descarada y descocada mujer le harán perder los estribos…, pero no todos: no puede consentir ser el eslabón perdido de Dios. Un relato que no va de Dios, pero sí de un hombre de Dios.
No es fácil adentrarse y aportar novedad en la temática histórica de "Los Comuneros" toda vez que ha sido estudiada y documentada por prestigiosos historiadores por su carácter referencial y significativo.
En el siglo pasado recorría los caminos leoneses un arriero nacido en Sanabria. Era alto, grande, exorbitante, colosal… con unos largos y fuertes brazos acostumbrados a levantar los sacos de trigo y los pellejos de vino. Sus inmensos ojos azules le llenaban de luz la tez ennegrecida por el sol y el viento de Sierra Culebra