La masera o maseira (recipiente de madera dónde se hacía la masa) se usaba para hacer el pan, y rara era la casa donde no había una. Utensilio tradicional del occidente zamorano y zonas limítrofes portuguesas
Entre los enseres que tenían mis padres en Figueruela de Abajo, apareció una maseira, y mis recuerdos empezaron a aflorar
Maseira. Fotografía cedida por Bernard Chenot
Era la base del alimento familiar allá en mi Aliste natal. Un cachico de pan con un cachico de tocino o de chorizo (elaborado en la matanza), era lo que llevaba el pastor en la mochila para pasar el día, o el labrador en sus tareas diarias. A veces simplemente acompañado de cebolla, (contigo pan y cebolla), dependiendo de la economía de la que disponía cada familia, que en esos tiempos de la España rural, era en todas partes similar.
Pero el cachico de pan no podía faltar. Como se amasaba para bastantes días, ya los últimos trozos requerían ablandarse con agua para poder hincarle el diente.
Fotografía cedida por Bernard Chenot
El trigo que se había segado, acarreado y trillado en verano, era llevado al molino para molerlo. Dependiendo del uso que se necesitara, se empleaba una muela* u otra. Si era para los animales era más gorda, y si era para el pan más fina. Iba pasando por el taravillo y se iba recogiendo.
Volviendo al amasado, era pan del bueno, nada que ver con el congelado que nos venden en la mayoría de sitios ahora. Elaborado con masa madre auténtica, que en mi pueblo se llama "hurmiento" o "hirmiento".
"Rapaza, vete a buscar el hurmiento a casa la ti Paula que hay que amasar".
*Muela: Piedra redonda y giratoria de un molino.
La Costumbre
El amasado del pan era cosa de la mujer, a no ser que el hombre fuera viudo y no le quedara otro remedio, o lo tenía como oficio reconocido y era el panadero del pueblo. Después de hacer la masa con los ingredientes básicos (harina, agua, sal y masa madre) había que dejarla fermentar.
Se iban haciendo las hogazas (que llevaban una segunda fermentación) y se encendía el horno con unas escobas*. Se usaba leña de carrapito y jara. Mi tía María dice que ella no usaba jara, y que a lo mejor por eso a ella le quedaba mejor el pan, aunque yo creo que influirían más cosas. El pan no se podía hacer con prisas, sino con esmero. Para poder ir metiendo las hogazas, cuando la leña se quemaba, se iba separando las brasas con el furganeiro** hacia los laterales del horno. ¡Mi tía siempre afirmó que para ella ese día era una fiesta!
*Escobas: Cytisus scoparius, planta silvestre muy usada para encender la lumbre.
**Furganeiro: Del leonés hablado en el occidente zamorano. Pala de madera empleada para el horno.
Se aprovecha todo
Después de hacer las hogazas, se aprovechaban las "ralladuras", que era la masa incrustada a la maseira, y con un poquito más de harina y agua hacer "salgón", unos bollos con untaza que están riquísimos, también se hacían los bollos de la sartén, que se freían y se le echaba azúcar por encima.
Fotografía cedida por Bernard Chenot
Aprovechando el borrallo* de la lumbre en el horno, se ponían unas patatas a asar. Y ya si había suerte y podían hacer una bolla (la masa con tocino y chorizo) ¡entonces la fiesta era completa! Comida sencilla, de gente sencilla, que supimos valorar la importancia de esos momentos vividos y compartidos.
Según iba saliendo el pan (dejando ese olor por la casa y por el espíritu) se iba guardando en la maseira, tapándolo con algún trapo. Se iban recogiendo las hogazas hasta terminar.
Fotografía cedida por Bernard Chenot
A veces la última ya llevaba algo de moho, pero se limpiaba y a comer. El dicho de que "lo que no mata engorda", aquí nos venía a la perfección. Tuvimos suerte y engordamos. En ocasiones no daba tiempo de amasar desde la última hogaza y tenías que ir al panadero a comprarlo, y... claro, ese pan reciente gustaba tanto... ¡Las vueltas que da la vida!
Hoy en día, queremos volver a todos esos sabores y olores que nos transportan a tiempos más felices, sin nosotros saberlo. Aún así, aquí en el pueblo se sigue disfrutando de un pan excelente hecho como antes.
Frase típica del veraneante en Sanabria: ¡Yo es que aquí como mucho pan, como está tan bueno...! Y claro pues engordo.
*Borallo: Del leonés hablado en zonas de Sanabria y Aliste, significa brasas casi en cenizas.
Fotografía cedida por Bernard Chenot
Pero seamos sinceros, no sólo nos engorda el pan, también la buena compañía. Con nuestros queridos vecinos se suele comer más y mejor.
¡Buen provecho! Y a comer pan, ¡pero del bueno eh!
Me llamo Silvia Sanabria Cunquero. Vivo en Madrid, pero soy de un pueblo de Zamora en la zona de Aliste, Figueruela de Abajo. Es un pueblo pequeño, cómo la mayoría de los que existen en la Comarca, pero disfrutamos de unas vistas privilegiadas al pie de la Sierra de la Culebra.
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