Cuando era pequeño, aprendí de mi hermano Florencio cómo se plantaba un "plantío" de chopo. Estábamos con las vacas en el prado de Rivirinas y cortó con la "macheta" (hacha) una rama gruesa de uno de los chopos. Le hizo algo de punta en el extremo grueso, le cortó el extremo delgado y clavó aquel palo en el césped de la orilla, cerca del agua de la rivera. Luego lo rodeó con postes y ramas, para protegerlo de las "robidas" de las cabras cabras. Y allí empezó la vida de un nuevo árbol.
El primer aprovechamiento de los chopos o álamos, además de su sombra, eran sus ramas. Se "desgayaban" cada dos años. Hacia finales de septiembre, cuando las hojas se iban volviendo doradas, se cortaban todas las ramas de cada nudo, dejando unas cuantas en la corona del árbol. Esto hacía que el árbol creciera alto, recto y fuerte.
Con las ramas y sus hojas se hacían pequeños haces llamados ramayos, que se llevaban al altillo del corral, donde se secaban. Servían de comida para las cabras y ovejas en los días nevados del invierno en los que escaseaba la comida en el campo. ¡Cómo le gustaban los ramayos al ganado!
Las ramas, ya secas y limpias, tenían muchas utilidades para los alistanos de tiempos pasados. Una de ellas era para tudores de los fréjoles. También para enramadas que se repellaban con masa de barro mezclado con paja para tabiques interiores. Se utilizaban también de "llátia" sobre los cantiagos en algunos tejados. También servían de "llumbreiros" para alumbrar la bóveda del horno, y, por supuesto para hacer una lumbre rápida, aunque poco consistente.
Aprendí también, junto a mi padre, que el fin de un chopo que un día fue plantío, era también útil para los hombres del pueblo. Ya era yo un chavalote de veintiuno o veintidós años, cuando mi padre y yo cortamos aquel viejo chopo en el prado de Urrieta Quemada con el "machao" y el "tronzador". La parte gruesa del tronco, para tablas, cantiagos y chillas. El resto, una estupenda vigas.
Se aprovechaban del chopo hasta la cáscara para camas en el corral de las vacas. Pero de la corteza reciente también hacíamos las famosas "pazpalletas" una respecte de matraca. Con la corteza seca se hacían pequeñas cajitas con tapa corredera, a veces talladas a navaja.
Probablemente me habré dejado en el tintero alguna otra utilidad de los chopos o álamos, pero como vemos, y como decía un amigo:
Zamorano enamorado de mi tierra alistana, de sus tradiciones y de su gente. En los ratos libres disfruto recordando vivencias propias e historias escuchadas a aquellos sabios del traje de pana y la boina y, por supuesto, contándolas.